Pasos, huellas, pisadas y ,sobre todo, no cesar de caminar.

trayecto

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Tarde, como el conejito de Alicia. Siempre tarde, diez minutos de los que no se salva nadie.

Es como si le fuese robando la vida poco a poco a los que me rodean y esperarme se ha convertido en un reto habitual.

Tarde, como la canción de Arjona, siempre tarde…

¡Ay, qué tarde es!

Y, de repente, en un momento de calma, miro el bello atardecer y me doy cuenta que siempre ando mirando al destino, a la meta que tan alto me marco en el horizonte, mientras el camino se me pasa inadvertido.

Y mirando atrás en el tiempo compruebo lo exigente que soy conmigo, concentrándome sólo en lo que no alcanzo.

¿Y lo que voy logrando con tanto esfuerzo?

El camino, amigo Goñi, el camino que vamos construyendo paso a paso, nota a nota. Día a día, en cada concierto. Cada cual su itinerario.

¡Ay, compañero!, ¡qué cierto aquello que subrayaba Machado!:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Published in: on junio 28, 2015 at 11:01 pm  Dejar un comentario  

Eres esa espinita que en mis pupilas se ha ido a clavar.

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La actualidad, a veces, maneja los hilos de lo que se comenta o se debate en la red. Pero otras simplemente es la escusa para sacar esa dichosa astilla que se lleva clavada en la piel.

Porque la tolerancia es un ejercicio muy difícil de practicar y…¿cómo se llamaba aquello? ¡Ah,si! la empatía, eso de ponerse en lugar del otro.Uff, no aconsejo abusar de ello, porque si  bien es agradable ver que es una actitud que agrada cuando se necesita cierto apoyo, al final ni estornudas para  no molestar al prójimo.

Vale lo confieso, estoy superenganchada al show televisivo del momento. Y es que alucino en colores viendo como somos unos y  otros,  posicionandonos ante cualquier conflicto contra el otro, ese que no es como yo ni me canta el cocoguagua cómo a mi me gusta.

Y hablo en segunda persona porque los responsables ya se han encargado de selecionarlos de todos los tipos posibles. Una buena forma de captar seguidores por solidaridad con el otro que sí que se parece a mi.

Es más, como me cuesta tantísimo hacer o decir nada sin reflexionar, me cuesta llegar a la antípoda de ese actuar. El soltar por la boca sapos y culebras para luego arrepentirse sin más. ¡Ay, quién tuviera esa conciencia banal!

Y luego si te he visto ni me acuerdo, bueno quien dice visto dice dicho.¡Qué le quiten lo bailado!Porque claro dicho está y, en cambio, lo que a ti te reconcome por dentro y que no hace mal a nadie que no seas tú. ¿Eso? Eso es ser muy falso y mal compañero.

He ahí lo que pienso y que tantas veces se queda en el tintero. Esa forma de actuar que aleja al compañero que no entiende lo que siento. Parece que es mucho mejor que te clave los dientes un áspid venenoso, que con el calentón, se queda tan agustito el animal y luego lo mismito le da.

Eso de que prefiero al agua brava y tal y cual.¡Claro que sí!, si estás en el bando de los suyos genial. ¿Pero que hay si no te elige de compañero ideal? Entonces una de dos, prepárate para morir o matar…

¡Habrá que seguir viendo el serial, a ver si aprendo algo más!

 

 

Lo inquietante de la invisibilidad.

bacteria-grupo-microscopia

En un momento de extasis asoma un pensamiento insospechado:

Si el queso está tan bueno cuando es un cúmulo bacteril, ¿no estaremos equivocados nosotros cuando vivimos enfrascados en una cruzada personal para eliminar cualquier vestigio de germen sin tener en cuenta ningún dato más sobre ese organismo simpar?

Ummm, habrá que volver a considerar que huele bien o mal de lo que es un sabor natural o artificial sino quiero que me tachen de elemento no grato para la sociedad.

Juas, juas.

Published in: on enero 21, 2015 at 2:49 pm  Dejar un comentario  
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Soy aunque no quiero serlo.

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Siempre hay un día uno, aunque en la mayoría de los casos esas primeras veces quedan olvidadas en los laberintos de la memoria.

Recuerdo la existencia de ese primer momento, aunque tal cual hoy sólo recuerdo la soledad ante el espacio abierto.

Porque nuestro despertar a la vida casi siempre lo experimentamos en primera persona sin ser conscientes de que hay otros que nos han ayudado a ser. Luego nosotros mismos vamos eligiendo a aquellos que nos acompañaran en el camino.

Queda puesto hoy de nuevo el punto y seguido a aquel proyecto que emergió tímido y sin consciencia de serlo.

De verdad, lo siento.

Malhena.