Esa hoja caduca que todos los años se deja caer ante mi con ironía.

Tanta

Es sorprendente la terquedad de esa hoja que a pesar de caer una y otra vez, víctima del capricho de la madre natura, vuelve de nuevo a intentarlo año tras año. Y yo con ella sigo el mismo camino. Y, tal que ayer, vuelvo mis ojos a su contorno, viéndola de nuevo desfallecer. Aún así soy incapaz de pensar que no es de nuevo ella, que se asoma y que se esconde. Al igual que yo voy y vengo día tras día por el mismo camino y repito el gesto de elevar mis ojos a su morada habitada unas temporadas y otras ausente. Hoy, sin darme cuenta, le he comentado en voz alta:

-“Es desesperante la rutina, amiga.”

Mientras mi venerada compañera curvando su borde hacia arriba, pizpireta y a la vez exhausta, ha caído a mis pies.

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