Esa hoja caduca que todos los años se deja caer ante mi con ironía.

Tanta

Es sorprendente la terquedad de esa hoja que a pesar de caer una y otra vez, víctima del capricho de la madre natura, vuelve de nuevo a intentarlo año tras año. Y yo con ella sigo el mismo camino. Y, tal que ayer, vuelvo mis ojos a su contorno, viéndola de nuevo desfallecer. Aún así soy incapaz de pensar que no es de nuevo ella, que se asoma y que se esconde. Al igual que yo voy y vengo día tras día por el mismo camino y repito el gesto de elevar mis ojos a su morada habitada unas temporadas y otras ausente. Hoy, sin darme cuenta, le he comentado en voz alta:

-“Es desesperante la rutina, amiga.”

Mientras mi venerada compañera curvando su borde hacia arriba, pizpireta y a la vez exhausta, ha caído a mis pies.

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Te quiero no por quien eres, sino por quien soy cuando estoy contigo.

¡Estoy harta de apoyos incondicionales!

¡Estoy harta de apoyos incondicionales!

Hoy me siento así…
Me gustaría estirar mi cuerpo hacia el cielo y desprenderme de toda la energía negativa acumulada.
Gritar y descargarme de miedos e inseguridades.
Aprovechar uno de estos últimos días luminosos del otoño y que el frío se lleve todo lo malo que se ha ido acumulando en mi interior.
Me gustaría tener dentro sólo cosas buenas, para poder ofrecerlas a quien se siente a mi lado.
No quiero tener que decidir.
Si tú te sientas a mi lado tendrás mi apoyo.
Y si se sienta alguien que no te gusta también tendrá ese mismo privilegio.
En ti estará el tomar la decisión de si estás dispuesta o dispuesto a permanecer a mi lado.
Quiero que todos tengamos la oportunidad.
Luego los hechos son razones, que tú me darás para valorarte.
Y tendré que aprender a quererte con tus virtudes y tus defectos.
Como tú, que has decidido quedarte también habrás hecho.
¡Estoy harta de apoyos incondicionales!