Esa hoja caduca que todos los años se deja caer ante mi con ironía.

Tanta

Es sorprendente la terquedad de esa hoja que a pesar de caer una y otra vez, víctima del capricho de la madre natura, vuelve de nuevo a intentarlo año tras año. Y yo con ella sigo el mismo camino. Y, tal que ayer, vuelvo mis ojos a su contorno, viéndola de nuevo desfallecer. Aún así soy incapaz de pensar que no es de nuevo ella, que se asoma y que se esconde. Al igual que yo voy y vengo día tras día por el mismo camino y repito el gesto de elevar mis ojos a su morada habitada unas temporadas y otras ausente. Hoy, sin darme cuenta, le he comentado en voz alta:

-“Es desesperante la rutina, amiga.”

Mientras mi venerada compañera curvando su borde hacia arriba, pizpireta y a la vez exhausta, ha caído a mis pies.

A veces decimos que no tenemos tiempo, pero el tiempo es vida y la vida reside en el corazón.

Tic, tac...

Tic, tac...

Necesito tiempo…
El día se queda corto para todas las cosas que me propongo…
Es el precio que se paga por madurar, el peso de las obligaciones devora como un dinosaurio hambriento el arsenal de horas, minutos y segundos con que nos equipamos al empezar el día.
Después de muchos disgustos he decidido incluir un rotulador junto al calendario para marcar todas mis citas. Me crispa los nervios descubrir inesperadamente al final de la jornada que hay algo a lo que no he llegado porque se hizo una laguna en mi cabecita.
La hoja de este mes aparece especialmente emborronada de notas y horarios, lo cual hace que se rompa mi rutina diaria.
No sé el resto del personal, pero yo soy como los críos, que necesito la seguridad de que las cosas se repitan a diario. Aunque yo misma me obligue a emprender actividades nuevas, estas se incorporan con un cierto orden en la base de una rutina premeditada.
En la red me pasa parecido, me gusta crearme rutinas y modificarlas poco a poco, aunque no siempre lo consigo.
Es un territorio excesivamente extenso como para pronosticar con que me voy a encontrar antes de entrar aquí o allí.
Hoy por ejemplo, he descubierto con disgusto que el vídeo de la anterior entrada se ha borrado y me ha llevado un rato intentar restablecerlo sin que consiguiese mi propósito.
Ah… más se perdió en Cuba !
Tiempo para esto y lo otro.
El día empieza a las 7 y media y cuando abro los ojos me parece que va el día será interminable…
Pero termina, vamos si termina. Y siempre me quedan cosas en el tintero…
Necesito tiempo…
O en su defecto organizarme más. Pero no soy una persona metódica.
Y cuando ves que la vida de otros se acaba así sin más, decides que es demasiado valiosa como para no aprovechar cada minuto.
Y a la vez… Decidí que había que disfrutar de cada uno de esos segundos, por eso me tomo las cosas con la tranquilidad necesaria o por lo menos la tranquilidad que yo necesito para realizar cada una de las tareas que me propongo.
¿Qué no llego?… mañana empezará de nuevo otro día cargado de tiempo.
Necesito más tiempo, así que… le araño a la madrugada un rato.
Vida… ni se te ocurra fallarme en este trance…¿no ves que no tengo tiempo?
Necesito tiempo…
Un espacio temporal para esas actividades que te hacen ver que la vida no es sólo rutina …
Tiempo para degustar cada segundo que mi corazón late al compás del reloj.

Tic…

Tac…

Reloj no marques las horas...

Reloj no marques las horas...

Published in: on febrero 26, 2009 at 11:26 am  Dejar un comentario  
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