Soy aunque no quiero serlo.

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Siempre hay un día uno, aunque en la mayoría de los casos esas primeras veces quedan olvidadas en los laberintos de la memoria.

Recuerdo la existencia de ese primer momento, aunque tal cual hoy sólo recuerdo la soledad ante el espacio abierto.

Porque nuestro despertar a la vida casi siempre lo experimentamos en primera persona sin ser conscientes de que hay otros que nos han ayudado a ser. Luego nosotros mismos vamos eligiendo a aquellos que nos acompañaran en el camino.

Queda puesto hoy de nuevo el punto y seguido a aquel proyecto que emergió tímido y sin consciencia de serlo.

De verdad, lo siento.

Malhena.